El mundo felíz estalla en pedazos
Recuerdo cuando hace meses me sorprendí pensando que el mundo es una mierda, más allá de lo bien que queda la frase en mi currículum de aprendiz de diferente. Debería darse en la vida de todo el mundo un punto en el que se dieran cuenta de que las cosas no son perfectas, diera un paso atrás y se situara en una posición de espectador y no de jugador. Claro que eso haría que todo el mundo, sin leer un libro, fuera inteligente, y no conviene, supongo.
Un día la burbuja de tu feliz existencia arropada por las marcas, la televisión, y toda la gente que puede influirte, explota y llegas a analizar críticamente la situación; ves que la objetividad es algo que cada medio informativo entiende de distinta manera y que los anuncios de cosméticos esconden algo más que barras de labios con forma de penes.
Te dicen como pensar, lo que está bien y lo que no, quien es guapa y quien es fea (por supuesto, es guapa quien compra sus productos), te hablan de lo que está pasado de moda, de la melodía que tienes que llevar en el móvil y de todos los aparatos necesarios para ser chic. Si no sigues la dictadura de las masas, éstas te señalaran y se mofarán de ti, será mejor que te adaptes, no sea que te quedes sin amigos.
Aun así, teniendo todo esto tan claro, seas como seas parece que siempre vas a encontrar un perfíl para ti, o una tienda que tiene todo lo que necesitas. Para los alternativos, marcas como Billabong o Carhartt, Starbucks y Fnac. Para los pijos, El Corte Ingles, Tommy y Bulberry, etc.
Es paradójico que me queje de lo aborregada que está la gente cuando todos más o menos lo estamos en distintas formas ¿O es aborregamiento sólo lo que les pasa a los demás?.
Continuará…
