El dilema de las cremitas.
Hola a todos una noche más (saludo como si esto fuera un programa de televisión o algo, jeje). Esta noche estaba viendo la tele y ha salido uno de esos anuncios de productos cosméticos que me hacen pensar en su eficacia (ya, me hace pensar cualquier cosa), porque a parte de estar todos protagonizados por modelos jóvenes o maduritas más estiradas que Cher (ya que contratar a Cher quedaría un poco surrealista), nunca sale un “antes” y un “después”, y esas milagrosas reducciones de peso, arrugas, celulitis, chepa, etc. parecen más bien conseguidas por un trabajo en ordenador, que por el efecto de una crema procedente de neumáticos fundidos y semen de ballena.*
Mirándolo por otro lado, supongamos que la vida me ha tratado mal y cuando tenga 30 años sufro una desquiciada obsesión por inventarme arrugas e intentar eliminarlas posteriormente con productos que no me harán tener la caca como un culito de bebé (al menos no como un culito limpio), y en los cuales me gastaré un dinero que podría gastar disfrutando de la vida. Entonces ¿Qué crema elegiría?
Imagínense a una mujer con granos en unos sitios, piel seca en otros, arrugas, ojeras, pecas, celulítis, marcas de cicatrices, labios secos, pelo casposo, ojos rojos, y grasa rebosando por todos los lugares de su deforme cuerpo… sí, ya sé que no es muy agradable de imaginar, pero piensen en que esa mujer, objetivo número uno de todas las campañas de publicidad de productos de belleza, quiere empezar a sentirse una Claudia Schiffer, sería difícil, una misión del mejor Joan Paul del barrio (del más espabilado en su defecto).
Esa mujer, con sus defectos, pero natural, mutaría por las noches y se convertiría en un cacho de carne escurridizo y grasiento gracias a capas y capas de cremas, para después el día siguiente en la ducha usar espátula en vez de esponja. ¿Y todo para qué? Para NADA, porque señores y señoras, si la crema anti-celulítica funciona en el 99% de los casos, ustedes casualmente formarán parte del 1% restante. No pierdan el tiempo.
Saludos. Rosa.
Sukida JC
*La composición citada puede no coincidir con la realidad.
